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Educando a Roberto Salvarezza: la seguridad alimentaria de los argentinos no está en riesgo

Educando a Roberto Salvarezza: la seguridad alimentaria de los argentinos no está en riesgo

“La seguridad alimentaria de los argentinxs en riesgo. La carne y el trigo van al exterior para generar las divisas para pagar la deuda de (el presidente Mauricio) Macri. En el mercado interno tienen precio dólar, inaccesible para la mayoría”.

Así lo indicó en su cuenta de Twitter, Roberto Salvarezza, un doctor en bioquímica que actualmente se desempeña como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires (Unidad Ciudadana) y que fue presidente del Conicet entre 2012 y 2015.

El trigo es una materia prima básica (commodity) y, como tal, su valor se expresa en dólares estadounidense en todas parte del mundo (esto es así porque el patrón de referencia monetario internacional es la moneda estadounidense; quizás dentro de cincuenta años cotice en yuanes).

En las naciones exportadoras cotiza con el precio FOB, mientras que en aquellas que deben comprar el cereal a otros países cotiza al valor de paridad de importación.

En el presente ciclo 2018/19 la producción argentina de trigo fue de 19,4 millones de toneladas –según datos oficiales– de la cual los argentinos sólo necesitamos 5,70 millones para tostadas, facturas y pastas, entre otros productos. El resto puede ser aprovechado por consumidores de otros países a cambio de divisas que pueden ser empleadas, efectivamente, para cancelar deuda externa contraída por el Estado nacional, pero también para comprar bienes que no producimos aquí (como celulares o café).

En el año 2013, cuando Salvarezza ocupaba el cargo de presidente del Conicet –institución que debería representar a buena parte de la cumbre del pensamiento científico en la Argentina–, el precio del trigo argentino registró un valor desproporcionadamente elevado y los productos panificados resultaron inaccesibles para la mayor parte de los consumidores argentinos. Adicionalmente, perdimos el mercado de trigo brasileño en manos de EE.UU.

Hoy el valor FOB del trigo pan argentino se encuentra en 234 u$s/tonelada con un derecho de exportación móvil que está actualmente en torno al 10%. Pero en mayo de 2013 logró superar los 400 u$s/tonelada para luego alcanzar un máximo histórico de 750 u$s/tonelada en la segunda quincena de octubre de ese año. Aún con un derecho de exportación del 23% –la alícuota fija vigente por entonces– el valor interno del cereal resultaba estratosférico (ver gráfico).

La explicación de tan inusual evento es muy simple: la regulación de exportaciones (con cupos aleatorios y discrecionales) junto con los derechos de exportación hicieron inviable económicamente la producción de trigo en muchas regiones productivas, de manera tal que, frente a una adversidad climática, Argentina quedó en octubre de 2013 sin disponibilidad de trigo para consumo interno y también sin la posibilidad de importar cereal, debido a que el entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, consideraba que esa medida –práctica usual en cualquier nación civilizada– no era adecuada en términos políticos.

La inseguridad alimentaria en la Argentina no tiene relación alguna con la exportación de trigo, sino más bien con la falta de oportunidades –propia de una economía cerrada– que impide que más de un tercio de la población local, en lugar de contar con un trabajo digno, deba arrodillarse frente al administrador de turno de la corporación política para suplicar por migajas.

En términos axiológicos, el comentario de Salvarezza deja ver a trasluz la concepción ideológica de que la producción de trigo en particular y agropecuaria en general debería ser un servicio público. Y esa es la cuestión central. No el disparate argumental.

Argentina es un país esquizofrénico que hace décadas viene queriendo todas las ventajas de una economía de mercado pero con los derechos vigentes en un régimen socialista. La incongruencia de ambas posibilidades se paga con legiones crecientes de excluidos, destrucción sistemática del sector privado y, cada tanto, una explosión macroeconómica.

Tenemos algún día que ponernos de acuerdo. Si queremos ser una economía de mercado integrada con el mundo. O un país socialista en el cual todos trabajemos para instituciones o empresas estatales. Las dos cosas no se puede.

Ezequiel Tambornini

Foto. Oscar Parrilli y Roberto Salvarezza (parado, con camisa blanca) en el Instituto Patria (noviembre de 2018).

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