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Alquileres agrícolas: retirada general de regiones extra pampeanas para refugiarse en zonas de seguridad

Un fenómeno que refleja la crisis del negocio en campo de terceros.
Alquileres agrícolas: retirada general de regiones extra pampeanas para refugiarse en zonas de seguridad

Durante la década pasada se consolidó un proceso de transformación agrícola que se inició en la región pampeana para luego trasladarse hacia otras regiones productivas y países limítrofes. En los últimos años, sin embargo, se inició el proceso inverso: una retirada progresiva de las zonas extrapampeanas para posicionarse en las regiones agrícolas más tradicionales.

El factor central que está detrás de ese proceso es la crisis del modelo de negocio agrícola en campo arrendado (producto de precios internacionales que dejaron de crecer, inflación interna, presión tributaria creciente, mayor variabilidad climática, etcétera). La cuestión es que buena parte de las estructuras empresarias creadas para responder a las necesidades del modelo agrícola en campo arrendado ahora deben readecuarse a la nueva realidad del sector, según indica un artículo publicado en la edición de junio de la Revista CREA.

Los valores negociados en los campos excepcionales de la zona núcleo pampeana que, además de contar con una muy buena aptitud agrícola, vienen siendo bien manejados (en términos de rotaciones, nutrición, etcétera), se mantienen este año estables con respecto a los valores –medidos en qq/ha de soja– negociados el año pasado. Los arrendatarios de esos campos –que conforman una muy pequeña proporción con respecto al área sembrada total en el país– se apuraron por cerrar acuerdos ante la alta demanda existente de esa mercadería.

En un segundo cordón de ubican los demás campos de la zona pampeana, los cuales, si bien cuentan con buena aptitud, presentan una mayor variabilidad de rindes con respecto a los establecimientos top. Aquí la situación es bastante más compleja porque las pretensiones de los arrendatarios difieren de las de los propietarios. En algunas situaciones, ante las diferencias de criterios, arrendatarios han optado por abandonar campos. En la mayor parte de los casos las negociaciones siguen en curso (con perspectivas de tener para largo).

Las propuestas realizadas por los arrendatarios son muchísimas: van desde una reducción directa de los qq/ha de soja pagados el año anterior hasta modelos asociativos diversos (las fórmulas más empleadas son un acuerdo a porcentaje con un ingreso garantizado de tantos qq/ha de soja, una base fija de qq/ha de soja con quintales adicionales según una escala de rindes (“la tablita”) o bien una base fija de qq/ha con distribución porcentual entre las partes de qq/ha cuando se supere determinado rendimiento).

Los arrendatarios mejor posicionados en el actual escenario son aquellos que implementaron tales modelos varios años atrás (fundamentalmente motivados a partir de los quebrantos generalizados ocurridos por la sequía histórica registrada en el ciclo 2008/09). Ejemplo: un empresario de la zona norte de Buenos Aires que el año pasado acordó un contrato a porcentaje del 45% para el propietario del campo con una base garantizada de 14 qq/ha de soja. Este año el empresario está negociando reducir esa base a 12 qq/ha de soja. La cuestión es que, en un año climático favorable, el propietario puede llegar a recibir un pago superior a 20 qq/ha de soja (situación posible con un rinde final de 45 qq/ha). Por supuesto: si el año es malo, entonces sólo recibirá la base inicial de quintales y nada más.

En las regiones extra-pampeanas el panorama es tan diverso como la heterogeneidad de rindes registrada en la última campaña (el crecimiento de la variabilidad climática no sólo es temporal sino también geográfico). Sin embargo, a grandes rasgos, se registran dos tendencias bastante definidas. La primera es que muchos de los colonos –que desarrollaron dichas zonas en los últimos años– están planificando una retirada general para refugiarse en campo propio o bien en zonas más estables en términos climáticos. La segunda es que algunos operadores están observando esa retirada como una oportunidad para tomar campo a precio accesible (asumiendo un riesgo considerable en algunas situaciones).

Por ejemplo: un empresario con campos alquilados en Santiago del Estero y el norte de Córdoba no tiene ningún apuro por renovar alquileres luego de experimentar dos fracasos productivos consecutivos. Les avisó a los propietarios que busquen alternativas y que, en caso de no encontrar interesados, volverían a sentarse a negociar. En tales circunstancias el empresario considera que sólo podría ofrecer un acuerdo a porcentaje aplicable sólo en el casi de que se supere un rinde de 10 qq/ha de soja de primera y de 30 qq/ha de maíz.

En algunos sectores del norte de Santa Fe y sur de Chaco, donde los rindes fueron muy buenos en la última campaña, las negociaciones para readecuar los valores a las perspectivas del ciclo 2013/14 están siendo más complejas ante la resistencia de los propietarios para resignar ingresos. Por ejemplo: un empresario que el año pasado acordó un arrendamiento de 6,0 qq/ha de soja en la zona chaqueña de Gancedo, este año considera que no podría pagar más de 5,0 qq/ha por ese mismo campo porque, de lo contrario, estaría asumiendo un riesgo demasiado elevado.

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